lunes, 13 de febrero de 2012

Primeras impresiones


Al final, y pese a los buenos propósitos, una no puede evitar crearse expectativas respecto a lo que está por venir. Lo que rara vez se espera es que esas expectativas (cuando son altas) se cumplan. Pero de momento, y tocando madera, ¡se cumplieron! Estoy muy contenta con el nuevo cuatrimestre o, mejor dicho, con las asignaturas que conozco de momento. Me faltan dos por conocer, pero tendré que esperar hasta el jueves.

Por cuestión de privacidad, y por prudencia, no voy a dar el nombre de mis profesores. A mí no me gustaría que, sin yo saberlo, se hablase de mí en algún sitio accesible a todo el mundo, que pudiera llegar ahí al buscar mi nombre en el google o algo así. Así que a mi profesor de Fonética y fonología del español lo voy a llamar, por cuestiones que explicaré más adelante, “Don Confusionismo”. Al de Retórica y crítica literaria le llamaré “Flower Power”, y a la de Inglés, a falta de un nombre mejor, “Blackbird “

El por qué del nombre de mi profesor de fonética es relativamente fácil de entender. Lo de “Don”, le viene por su apariencia, la de típico catedrático de universidad: un señor de unos sesenta y algo, con traje y con corbata. Por lo demás, no dejaba de repetir, en cualquier contexto, la palabra “confusionismo” (incluso en aquellas frases donde no tenía mucho sentido y hubiera encajado mejor el sustantivo confusión) es un hombre serio, pero a la vez cercano y con sentido del humor. Habla con una voz monótona y suave, demasiado suave para la gran cantidad de gente que somos en su clase; tal vez debería usar el micrófono. Repite diez veces cada cosa y da muchos rodeos, pero es muy claro. Si ha dedicado hora y media a contarnos los criterios de calificación y la bibliografía obligatoria, es de suponer que se esforzará porque cada cosa quede bien explicada, quizá demasiado explicada. Es un tipo estupendo. Ha soltado dos o tres frases que han provocado una carcajada general, aunque dichas en boca de otra persona hubiera quedado como chiste malo.

Siempre he querido tener uno de esos profesores que escriben su nombre en la pizarra, al estilo de las películas de Yanquilandia. Por fin, ese ridículo sueño se ha cumplido, con mi profesor de retórica, el ya queridísimo Flower Power. Soy malísima para las edades, pero tendrá cuarenta y algo (¿quizá cincuenta bien conservados?), y es pelirrojo. Se parece mucho (pero mucho) a Van Gogh. La única diferencia es que mi profesor tiene la cara algo más delgada, como más perfilada, y que empieza a perder el pelo. Cuando ha entrado en clase no estábamos seguros de si era el profesor, porque iba con pantalones y jersey negros, y en definitiva sólo le faltaba la boina para parecer bohemio. Si lo es o no, no lo sé, pero lo que sí ha resultado es extranjero. Neerlandés para más señas (u holandés, mejor dicho, y neerlandés es lo que habla). El caso es que tiene ese acento nórdico tan peculiar, aunque habla el español a la perfección. Creo que ha sido una impresión general, pero si no, al menos a nivel particular, me ha parecido genial. Esos profesores que te caen bien desde la primera frase (y eso que su primera frase no ha sido muy brillante, porque ha entrado, ha dicho “Me he equivocado”, ha salido, y ha vuelto a entrar, para darse cuenta que sí que era el aula correcta). Más allá de lo que a mí me haya parecido, lo que al fin y al cabo a nadie le importa mucho, creo que realmente le interesa lo de dar clase, y que no es el típico profesor de universidad al que los alumnos le dan igual. Y eso, dada mi corta experiencia, es decir mucho. Por otro lado, nunca hubiera esperado que un poema de Antonio Machado pudiera sonar aun mejor leído con acento neerlandés. Pero sí.

Si queréis saber a qué viene lo de Flower Power, ha sido porque al comentar un poema, ha dicho algo así como “¿Qué piensan que quiere decir aquí? ¿Qué se suba al monte con las flores? ¡Flower Power!” Mítico. Nadie sabe qué cable se le ha cruzado para decir eso. Después también ha tenido mucha gracia cuando, en una confusión entendible por ser para él un lenguaje extranjero, en vez de decir “morriña” ha dicho “Mourinho”. El fútbol me persigue hasta en las clases.

La profesora de inglés ha tardado en venir, y hemos tenido dos “falsos profesores” (véase alumnos en los cuarenta, con aspecto de profesor, que son confundidos con los docentes). Pero finalmente ha venido “la de verdad” y ha resultado ser muy simpática. Es canaria, nos llama a todos “mi niña” o “mi niño” y ha sabido entender que nuestro inglés no debe ser el mismo que el de filología inglesa. Aclaremos que el cuatrimestre pasado también tuve inglés, pero con otra profesora, y me pareció la asignatura más absurda que he dado en mi vida. A mí, no sé por qué ya que mi nivel de inglés nunca fue maravilloso, me salió bien el test inicial que me clasificaba como “alumna con un nivel alto que no se corresponde con el de la clase”. Yo veo series y leo libros en inglés; lo entiendo bastante bien, pero lo hablo fatal. Tengo una prima estadounidense que podría corroborarlo, si llego a saber de ella (Nota mental: averiguar en qué estado de Yanquilandia vive ahora). Así que esa clasificación sólo me puso las cosas más difíciles. Además, se parecía peligrosamente a las clases del colegio, que aunque no tenían nada de malo, creo yo que no debe ser igual lo que se da en una clase de secundaria o de bachiller que en una de la carrera. Significa que algo estaba pasando con el nivel general de la clase, cuando lo único que hacíamos era dar gramática básica inglesa, como los últimos diez años de nuestra vida. Y después el examen incluía un montón de cosas que apenas habíamos practicado. Como sea, eso ya pasó. La nueva profesora le va a dar importancia al “speaking” y en definitiva a las conversaciones en inglés, que es lo que yo, en todo caso, tengo interés en practicar. Porque ya sé que sin idiomas no vas a ningún sitio, pero por hacer los ejercicios de un librito no voy a aprender más inglés del que ya han intentado enseñarme todos mis profesores hasta el momento. Al menos, es mi humilde opinión. Y la de la nueva profesora, a la que llamé Blackbird porque al verla me vino a la cabeza una canción con ese título, vaya usted a saber por qué.

Todas las clases me gustan, en mayor o menor medida. Sigo sin verle mucha utilidad al inglés, por más segundo idioma que sea, en una carrera como la mía. Aunque tal vez ésta nueva profesora le dé otro enfoque. Y quizá fonética no sea “el país de la diversión”, pero siento curiosidad, y mientras me dure, me lo tomaré con entusiasmo. De retórica y crítica aun no sé muy bien qué pensar, pero por el primer contacto parece interesante.

El jueves más novedades. De momento mañana, las mismas clases de hoy. Y aun queda por ver si éste cuatrimestre también voy a tener prácticas los miércoles. Si no, será un día libre que dentro de poco se convertirá en un día de estudio.

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