miércoles, 15 de febrero de 2012

Día completo y con fundamento

Quería publicar ésta entrada antes de las doce de la noche, por aquello de llevar al menos una entrada al día. Pero lo he ido dejando (en realidad, no he tenido tiempo) y al final no va a ser posible. Da igual. Pese a lo que diga el reloj, para mi el 14 de Febrero aun no ha terminado, ni terminará hasta que esté plácidamente tumbada en mi cama y soñando con lo que tenga a bien soñar.

Ayer (entendiendo por ayer el 13 de Febrero) tuve coro de Gospel, y creo que ya mencioné el horario tan horrible, de 19:00 a 22:00. Y encima no aquí al lado, no, sino en el Campus de la UCM. Es decir, hay que sumarle lo que tardo en ir y volver. Total que ayer llegué a mi casa a las once menos cuarto, y me puse a hacer las típicas fichas con la foto, equivocándome tres veces, por cierto. Menos mal que tenía de sobra.

Hoy tuve las mismas clases que ayer en la universidad. Y si ayer ya empezamos con el temario, al ser hoy el segundo día nos metimos ya de lleno en él. Basta decir que en Fonética me he sentido idiota, creo que como la mayoría de mis compañeros. No me enteraba de la mitad, y lo que era más preocupante, tenía problemas con los apuntes, y la velocidad de mi profesor. Ahora, si así estaba yo, ¿cómo estarían los Erasmus y extranjeros varios, chinos en su mayoría? Sus caras eran un poema, desde luego.

Finalmente, Fonética llegó y se fue. Y sobreviví más o menos. Pero hay que ver la de palabrejas cuyo significado desconocía. Después vino Retórica, y se me pasó muy rápido. Más que hora y media, me pareció media hora. Eso sí, la cantidad de libros que tengo que leerme, algunos de ellos en inglés, es alarmante, como el cuatrimestre pasado e incluso más. Es lo que toca en mi carrera, supongo, pero no sé de dónde voy a sacar el tiempo. Sobretodo para aquellos que no se leen como una novela, sino que tienen un montón de conceptos que tengo que entender y posiblemente memorizar.

Luego tuve inglés, en otro edificio, por cierto, 98 escalones más allá. Si. Los conté. A partir de ahora, la clase será ahí. ¿No era eso de Mens sana in corpore sano? Pues ale. Lo que pasa es que, pese a que sea de letras, aun no he olvidado las matemáticas básicas. Y un trayecto de diez minutos (las distancias en el Campus engañan) no sé cómo realizarlo en los 0 segundos que me dan, aproximadamente. Porque una clase empieza cuando acaba la otra, y parece que tenemos que llegar por teletransportación. Menos mal que mi profesora es comprensiva, y si no me entretengo a hablar con desconocidos, y no me ataca ningún lobo feroz por el camino, podré llegar a tiempo y con la lengua fuera, como corresponde. *Sarcasmo sarcasmo *

En fin. La clase de inglés también estuvo bien, y hasta creí que mi nivel había mejorado mágicamente, hasta que más tarde traté de ver una serie de Hugh Laurie y Benedict Cumberbatch (vaya apellido más difícil, ozú) en inglés sin subtítulos, y me quedé con cara de ocho al revés. Y es que supongo que no es lo mismo verse Glee o Merlín, con las que puedo estar más o menos familiarizada y por tanto las entiendo bastante decentemente, que una serie como ésta. También puede ser que hoy no tengo el día lúcido, porque hay veces que veo algo y no lo entiendo y al día siguiente me parece muy claro.

Así que después de inglés me he vuelto a casita, que ya tocaba. He llegado a eso de las tres, y mientras esperaba a que estuviéramos todos y bla bla bla (en mi casa se come tardísimo) es cuando he intentado ver ésta serie, sin éxito. Mañana lo intentaré de nuevo, a ver. Después de comer, me pasé los apuntes a ordenador; una costumbre que he adquirido y que me ayuda a repasar lo visto en el día. Aprovecho ahora que aun no estoy muy agobiada para empezar a hacerlo, porque si no luego ya me sería imposible. Además, gracias a eso la Fonética y yo medio nos entendimos.

Para cuando terminé de hacerlo, me puse con los deberes de inglés y los interrumpí para irme a dar catequesis. Tengo a niños de unos 8-9 años, de seis a siete de la tarde. Y aprovecho éste momento para decir que ahora entiendo y bendigo a todos mis profesores. Creo que de niña no era muy insoportable, y de mayor supongo que era una adolescente más, pero aun así, si alguna vez me puse plasta, ahora les compadezco. Porque madre mía. Eso no era una catequesis, ni una clase, ni nada. Eso era un campo de batalla. Menos mal que alguien me dotó de paciencia, y que ésta sale a relucir en los momentos más inesperados. Al final, una se lo toma con humor, y se resigna ante lo que hay. No me las quiero dar de “entendida”, pero tengo algo de experiencia con niños (llevo tres años siendo monitora de campamento, y dos y medio en el club de tiempo libre del que era mi colegio). Además, uno de “mis coros”, el que “co-dirijo”, está formado por niños. Siempre me han vacilado como han querido, y siempre he conseguido, aun no se cómo, que terminen haciéndome caso. Lo mío no es gritar o enfadarme, y quizá sea justo por eso. Les trato como deseaba que me trataran a mí a su edad (que al fin y al cabo eso fue hace dos días y aun me acuerdo). Espero que me funcione también ésta vez. Al menos, no estoy sola. Si la otra catequista, más experimentada y amiga mía, no estuviera conmigo, lo vería todo mucho más negro.

Como sea, entre que recoges, se van los niños, y tal y cual, he llegado a mi casa a las ocho menos veinte, y eso que vivo al lado. A las ocho voy al gimnasio. Así que me he cambiado, y he bajado, sin tiempo para nada más. He vuelto a las nueve (nueve y cinco, nueve y diez), satisfactoriamente cansada. Y por fin, he sido libre. Me he metido al ordenador, y he pasado del correo, porque los 4200 mensajes que nunca leo me agobian. Debería verlos. Lo sé. Al menos para borrarlos, porque ya serán antiguos. Pero me metí en mi otra cuenta de correos, y ahí tenía cien. Me los leí, o al menos los clasifiqué por “éste me lo leo”, “éste es publicidad”, “éste es una cadena cursi que dejaré para más tarde”.

Después me dejé absorber por las redes sociales. Sólo por el tuenti, en realidad, que tenía interés en leer un mensaje privado. Me he encontrado con un comentario de una compañera de universidad, y hablé un rato con ella, y me ha dado la sorpresa de decirme que le había parecido mucho menos introvertida al verme intervenir en las clases, de lo que he resultado ser al conocerme. Esa opinión, por lo que me ha dicho, tienen la mayoría de compañeras. En mi colegio era todo lo contrario, la gente pensaba que yo no sabía hablar, o algo, más o menos hasta tercero de la ESO.

En realidad, aunque participe mucho en clase, no lo hago por falta de timidez, si no por una necesidad imperiosa de decir lo que pienso. Me da vergüenza, y mucha. De hecho hoy me puse roja en clase de inglés, cuando me tocó hablar en idioma ajeno. Por ordenador, la timidez desaparece, porque es más fácil elegir las palabras cuando tienes tiempo para pensarlas, y puedes darle a una tecla para borrar las equivocaciones. No creo que me haya entendido, pero yo se lo he explicado. Aun así, ha insistido que soy “adorablemente tímida”, porque hoy no fue capaz de sacarme más de dos frases cuando intentó hablar conmigo. No sé si el adorablemente debo tomármelo como algo bueno o malo. Igual, una amiga mía me llama “adorable” todo el rato, así que quizá deba dejar de extrañarme.

Hice un intento de ponerme de nuevo con inglés, pero el cansancio pudo más. Me di una ducha, me fui a cenar, y aquí estoy, escribiendo en el blog. Mañana no tengo clase, así que espero que me de tiempo a hacer un montón de cosas que he ido posponiendo…. como renovar el abono, por ejemplo, que caducó en agosto del 2011 pero que he seguido usando como si nada. También haré lo de inglés, aunque sea para el Lunes. Y por supuesto, descansaré, ya que hoy no he podido.

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