miércoles, 27 de junio de 2012

Resumen

Buh, nadie me quiere. Tanto tiempo sin escribir, y ni un solo comentario xD
En fin. Primer año de carrera terminado. Buenas notas. Mucho cansancio.
Muchos enfados, muchas injusticias.
Muchos errores.
Mucha nostalgia.
Me echo de menos.
Creé un foro de rol propio.
Me aburro. Tengo calor.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Cosas que me ponen nerviosa

Último día de clase. Mañana hay huelga y aunque voy a intentarlo, no creo que pueda llegar a la universidad. Mi facultad es la más follonera de todas.

RESTO DE LA ENTRADA EDITADA Y BORRADA EN UNO DE MIS ATAQUES DE "ESTO NO ME GUSTA". Sí, me he autocensurado.

jueves, 22 de marzo de 2012

Tic y luego siempre tac.

En éste tiempo (sin matizar a qué tiempo me refiero) he aprendido que mi opinión no tiene importancia, que mi vida no la controlo yo, y que mis pensamientos no se corresponden con mis acciones. Son lecciones que todos, tarde o temprano, tenemos que aprender.

Las clases pasan deprisa y a la vez despacio. Ha llegado un punto en el que ya no sé si me gustan o me dejan de gustar, pero algunas de ellas me absorben por completo, me producen curiosidad y me generan cierta ansiedad con respecto al anunciado, temido y odiado período de exámenes.

[la fo 'ne ti ka | ke 'ri ða a 'mi γa | me 'tra e ðe ka 'βe θa || no 'se trans kri 'βir || 'es to lo e es 'kri to me 'ðjaN te 'w na 'pa xi na 'we b ke | 'por 'θjer to | ko 'me te al 'γu nos e 'řo res i o 'mi te 'θjer tos 'sim bo los ||  'tal 'βeθ me e e ki βo 'ka ðo i em 'beθ de es pa 'ñol es 'to i es tu 'ðjaN do 't∫i no maN da 'rin || 'e so se 'ri a 'w na eks pli ka 'θjon 'lo xi ka i a kla ra 'ri a tam 'bjem 'por 'ke tam 'po ko eN 'tjeN do al pro fe 'sor ðe fi lo so 'fi a |||]

He llegado a la conclusión de que tras todos estos años, todos esos libros y todas esas películas no sé hablar inglés, y sigo sin ver que utilidad tiene para mi carrera; sobretodo si sólo vamos a darlo un año y deprisa y corriendo, ya que no me parece la mejor forma de aprender un idioma.  Pero claro, luego en el exámen sí te exigen un nivel que descubres que no tienes.

Los lunes y los martes son una contradicción, porque entre fonética e inglés tengo mi pequeño paraíso terrenal: retórica. Pero incluso eso es demasiado para mí, porque no entiendo prácticamente nada de los manuales. El castellano antiguo tampoco es lo mío, pero al menos estoy aprendiendo mucho sobre la época medieval, y no sólo en lo que a literatura se refiere.
  
Cada día, al entrar en mi facultad, el olor a porro es más intenso. El número de neuronas por metro cuadrado disminuye. ¿Será una relación inversamente proporcional, de esas que me enseñaron en matemáticas en la ESO?

Un día es la repetición de otro, y mis palabras la alegoría de lo que no quiero decir, mientras lo digo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Re-conectando

Sé que hace mucho que no escribo. Lo sé. Y yo que pretendía hacer, al menos, una entrada al día. Pero tengo los días demasiado completos y apenas tengo tiempo. Y cuando lo tengo, sencillamente no me apetece.

Tengo que hacer una recopilación de varios días, así que voy a intentar que no me falle la memoria. Cuanto más cerca éste lo que cuente de la última vez que escribí, menos detalles podré dar porque los habré olvidado. Si no me equivoco (y es difícil que me equivoque porque acabo de volver a leerlo y tan corta no soy, todavía) lo último que conté es que tenía por ahí un miércoles libre, del que pensaba disfrutar plenamente, y pretendía dilatarlo lo más posible para hacer todo lo que tenía pendiente. Lo cierto es que apenas pude hacer la mitad de lo que quería. Tampoco conseguí entender la serie esa de la que os hablé, de Laurie y Cumberbatch, porque a decir verdad ni siquiera he vuelto a intentarlo. Me olvidé de ella por completo. Eso fue el 15 de Febrero, así que ha llovido desde entonces (bueno, no en sentido literal, pero se me entiende).

Al día siguiente conocí a otros dos profesores, cada uno de ellos con una de las asignaturas de éste nuevo cuatrimestre. Mi profesor de Literatura medieval (Literatura Española Medieval: desde los orígenes al siglo XIV) es un hombre de cincuenta y… (cincuenta y tres si no he calculado mal, a partir del año en que nació, según nos dijo él mismo) que por su físico y su forma de hablar tendría que recordarme a mi padre pero no me lo recuerda en absoluto. Es un hombre maravilloso, tremendamente culto, y por eso, a falta de ideas y tiempo para pensar en un mote mejor, le voy a llamar Don Sabiduría. He tenido cuatro clases con él, hasta la fecha (dos jueves y dos viernes) y aunque intensas y llenas de información, me han encantado. Aunque lógicamente también hemos hablando de literatura, lo que más hemos tratado aun, en una especie de introducción, ha sido la sociedad y la vida en aquella época. Si tuviera tiempo y ganas, podría decir un montón de cosas (no estoy segura de si de alguna utilidad) sobre la gente del siglo XII y XIII. Además, no sé cómo lo hace para hablar de botánica, medicina, arte plástico, y siglo XIX a la vez que nos cuenta todo lo que vamos a necesitar saber para entender las obras que leamos. En serio, es increíble. Tenía muchas más cosas que decir sobre él, pero tengo cosas que hacer y tampoco quiero extenderme demasiado. Si me acuerdo, desmenuzaré cada aspecto de sus clases otro día.

En cuanto al otro profesor, el de Filosofía, (Corrientes actuales de la Filosofía: Grandes Paradigmas) es todo un caso. En muchos sentidos, es por él y por su asignatura por lo que no he escrito antes aquí. Me desanimé completamente… Siempre me he interesado por la filosofía, y en el colegio se me daba bien. Quizá mejor incluso que la literatura, porque siempre he entendido el razonamiento de otras personas, y he sido capaz de sacar el mío propio en conclusión, al margen de estar o no de acuerdo con lo que piensan. Con la literatura lo que pasa es que me encanta, pero no creo tener ningún talento natural para ello. Por eso mismo, tener ésta asignatura en la carrera me hacía mucha ilusión. Hasta el primer día, cuando por fin la tuve.

El profesor es joven, pelo castaño, gafas, y con un aire a bibliotecario. Tiene alguna clase de deformidad en la boca, según creo, aunque no he podido verle muy de cerca para comprobarlo - sigo pensando que somos demasiados en clase -. Habla de forma muy rara, bajando y subiendo el tono de voz sin ninguna lógica, dando énfasis en los momentos más extraños, y sobretodo, gesticulando como si estuviera poseído. Esto no me molestaría de no haber estado a punto de ocasionarme un infarto en más de una ocasión. El problema principal es, sin embargo, esa forma tan particular de hablar castellano, que hace que parezca un idioma diferente. Creo que no conoce lo que es una oración subordinada, y por ello mezcla oraciones sin ningún sentido. Y además debe de gustarle el eco, porque repite los finales de las frases unas tres veces.

Debería consolarme el no ser la única que no lo entiende. La gente ha dejado de ir a su clase, y sé que no soy la única que piensa que aparte de mezclar sus propias ideas político-económicas (y ahora me siento como un personaje de Galdós que combinaba palabras constantemente) entre el temario, se esfuerza por complicar cosas que son en esencia sencillas. Todo eso debería consolarme, pero no lo hace, porque el examen voy a tener que hacerlo igual. Y porque la asignatura debería gustarme, y no es así.

Eso no es todo. El segundo día, alguien se atrevió a decirle que no entendía lo que había dicho, y el profesor respondió que él creía que el estudiante debía ganarse el derecho a preguntar, y que no se ganaba hasta acabar la carrera. Así que, hasta que estuviéramos graduados, no podíamos hacer preguntas en su clase, ya que era normal que hasta entonces no lo entendiéramos porque, según él, la filosofía se entiende a largo plazo. Aunque puedo intuir que hay algo de cierto en el hecho de que la filosofía no es fácilmente asimilable, y que no debemos interrumpir la clase con tonterías hasta que sepamos bien de lo que hablamos, tenemos derecho a preguntar por el simple hecho de que pagamos por ello. Y porque sino, no habría diferencia entre ir a clase y no ir, teniendo en cuenta como son las cosas en la universidad. Pero cuando hay una mano levantada, la ignora. Y si alguien alza la voz, cansado de tener la mano levantada, te responde de mala manera, diciendo que si no lo entiendes deberías ir a una tutoría en vez de interrumpir su clase. Pues ale. Iremos los ciento y pico a la tutoría, a ver si ahí quieres responder a las preguntas. Lo que pasa es que como surgen cinco preguntas por clase, y hay dos clases a la semana, no se yo si va a tener tiempo de respondernos. Quizá acababa antes explicándose mejor, o respondiéndonos en general, en clase, porque seguro que mis preguntas son casi las mismas que las de al lado. Pero bueno, que haga lo que quiera, que yo ya me he resignado. Hay que ver, que gente más simpática hay por el mundo.

Creo que le llamaré Silencio porque es experto en gritar esa palabra justo cuando no hay nadie hablando, como si le molestara el sonido de las respiraciones. Luego, cuando alguien habla de verdad, y molesta, no parece darse cuenta.

Me está dando miedo ésta segunda mitad del año, si bien la primera mitad también me lo dio. Pero tengo mucho que leer, mucho que estudiar, mucho que entender. Mis siguientes palabras no van a ser muy finas, pero es una más de las frases brillantes de mi hermano, como cuando me dijo que trabajara de feto en una clínica abortista. El caso, es que según él, y según uno de mis profesores, en el grado lo que hacen es meterte las asignaturas por el culo, y tú tienes que cerrar y apretar para que no se escapen. Ya avisé que no iba a ser fino.

¿No es devastadoramente genial? Y totalmente cierto. Hay tanta asignatura, toda junta y sólo en cuatro meses, que uno ya no sabe ni lo que estudia. Además, no es que se reduzca el temario, sino que es más la cantidad de cosas que tienes que ver por tu cuenta, sin que te las expliquen. Por suerte, mi carrera tiene pocas asignaturas que sean de entender, y muchas que son de empollar, así que en ese sentido me afecta un poco menos.

No todo han sido clases. También ha habido estudio. No, ya en serio, he tenido tiempo para algunos de mis “momentos para mí” que tanto necesito. Me he viciado con el cuarto libro de la saga de El Legado (la de Eragon, de Christopher Paolini), y he seguido con el resto de mis actividades, como el gimnasio. Por cierto, tengo agujetas.

He dejado el coro de Gospel, por incompatibilidad de horarios, entre otras cosas. Todavía no sé multiplicarme y estar en dos sitios a la vez, aunque quizá debería ir aprendiendo. Me ha dado pena, porque me costó entrar, con los nervios por el casting, y tal. Pero he decidido no pensar en ello y no hacer melodrama (algo que se me da bastante bien) porque no puedo remediarlo y torturarme no va a servirme de nada.

Un compañero, y espero que futuro amigo, que va conmigo sólo a alguna de las clases, me ha dejado los primeros cuatro capítulos de un libro que está escribiendo. Me ha encantado. Más que eso, es estupendo, genial, e imaginativo. Si le resumiera a alguien el argumento, no le interesaría, de la misma forma que a mí no me llamó la atención la primera vez que oí el argumento de Doctor Who (una serie que se encuentra entre mis favoritas). Pero es la forma de contarlo lo que hace que sea increíble.

Y creo que tampoco ha pasado nada más. Es difícil que pasen cosas interesantes cuando estás demasiado cerrado al mundo, como yo. Me preocupa un poco el hecho de que cada vez salgo menos, pero mis horas libres no suelen coincidir con las de mis amigos, y sus planes no son compatibles con lo que quiero y me permiten hacer. Yo no salgo por la noche, entre otras cosas porque luego tengo que volver a casa sola, ya que ninguno vive por mi zona, si no alrededor de Guzmán el Bueno. Es peligroso, mis padres no me dejan, y a mi en realidad tampoco me apetece. No le veo sentido al hecho de encerrarme en una discoteca a que me vomiten encima personas que han bebido demasiado y me griten al oído porque el volumen de la música no permite una conversación. Sí, soy rara, ya lo sé. Tampoco creo que pueda salir éste fin de semana, aunque al menos mañana, lo intentaré. Mandaré a Siberia de una patada todas mis obligaciones, y quedaré con alguien, pero por la tarde, no por la noche.

Qué más qué mas…Hoy he tenido un sueño muy extraño. Iba de autobuses que se comían a personas, y yo me encontraba entre su comida. Ya en el interior de una de esas bestias, de pronto pasó a ser un autobús normal. Pero yo no podía salir de él. Así que fui hasta el conductor, y vi que su asiento estaba vacío. Traté de apretar los botones que abrirían las puertas, pero había demasiados y no sabía cuál apretar. Cada botón me causaba un problema, un peligro o algo que me daba miedo, pero al final apreté el correcto y me desperté. ¿Tendrá algún significado?

miércoles, 15 de febrero de 2012

Día completo y con fundamento

Quería publicar ésta entrada antes de las doce de la noche, por aquello de llevar al menos una entrada al día. Pero lo he ido dejando (en realidad, no he tenido tiempo) y al final no va a ser posible. Da igual. Pese a lo que diga el reloj, para mi el 14 de Febrero aun no ha terminado, ni terminará hasta que esté plácidamente tumbada en mi cama y soñando con lo que tenga a bien soñar.

Ayer (entendiendo por ayer el 13 de Febrero) tuve coro de Gospel, y creo que ya mencioné el horario tan horrible, de 19:00 a 22:00. Y encima no aquí al lado, no, sino en el Campus de la UCM. Es decir, hay que sumarle lo que tardo en ir y volver. Total que ayer llegué a mi casa a las once menos cuarto, y me puse a hacer las típicas fichas con la foto, equivocándome tres veces, por cierto. Menos mal que tenía de sobra.

Hoy tuve las mismas clases que ayer en la universidad. Y si ayer ya empezamos con el temario, al ser hoy el segundo día nos metimos ya de lleno en él. Basta decir que en Fonética me he sentido idiota, creo que como la mayoría de mis compañeros. No me enteraba de la mitad, y lo que era más preocupante, tenía problemas con los apuntes, y la velocidad de mi profesor. Ahora, si así estaba yo, ¿cómo estarían los Erasmus y extranjeros varios, chinos en su mayoría? Sus caras eran un poema, desde luego.

Finalmente, Fonética llegó y se fue. Y sobreviví más o menos. Pero hay que ver la de palabrejas cuyo significado desconocía. Después vino Retórica, y se me pasó muy rápido. Más que hora y media, me pareció media hora. Eso sí, la cantidad de libros que tengo que leerme, algunos de ellos en inglés, es alarmante, como el cuatrimestre pasado e incluso más. Es lo que toca en mi carrera, supongo, pero no sé de dónde voy a sacar el tiempo. Sobretodo para aquellos que no se leen como una novela, sino que tienen un montón de conceptos que tengo que entender y posiblemente memorizar.

Luego tuve inglés, en otro edificio, por cierto, 98 escalones más allá. Si. Los conté. A partir de ahora, la clase será ahí. ¿No era eso de Mens sana in corpore sano? Pues ale. Lo que pasa es que, pese a que sea de letras, aun no he olvidado las matemáticas básicas. Y un trayecto de diez minutos (las distancias en el Campus engañan) no sé cómo realizarlo en los 0 segundos que me dan, aproximadamente. Porque una clase empieza cuando acaba la otra, y parece que tenemos que llegar por teletransportación. Menos mal que mi profesora es comprensiva, y si no me entretengo a hablar con desconocidos, y no me ataca ningún lobo feroz por el camino, podré llegar a tiempo y con la lengua fuera, como corresponde. *Sarcasmo sarcasmo *

En fin. La clase de inglés también estuvo bien, y hasta creí que mi nivel había mejorado mágicamente, hasta que más tarde traté de ver una serie de Hugh Laurie y Benedict Cumberbatch (vaya apellido más difícil, ozú) en inglés sin subtítulos, y me quedé con cara de ocho al revés. Y es que supongo que no es lo mismo verse Glee o Merlín, con las que puedo estar más o menos familiarizada y por tanto las entiendo bastante decentemente, que una serie como ésta. También puede ser que hoy no tengo el día lúcido, porque hay veces que veo algo y no lo entiendo y al día siguiente me parece muy claro.

Así que después de inglés me he vuelto a casita, que ya tocaba. He llegado a eso de las tres, y mientras esperaba a que estuviéramos todos y bla bla bla (en mi casa se come tardísimo) es cuando he intentado ver ésta serie, sin éxito. Mañana lo intentaré de nuevo, a ver. Después de comer, me pasé los apuntes a ordenador; una costumbre que he adquirido y que me ayuda a repasar lo visto en el día. Aprovecho ahora que aun no estoy muy agobiada para empezar a hacerlo, porque si no luego ya me sería imposible. Además, gracias a eso la Fonética y yo medio nos entendimos.

Para cuando terminé de hacerlo, me puse con los deberes de inglés y los interrumpí para irme a dar catequesis. Tengo a niños de unos 8-9 años, de seis a siete de la tarde. Y aprovecho éste momento para decir que ahora entiendo y bendigo a todos mis profesores. Creo que de niña no era muy insoportable, y de mayor supongo que era una adolescente más, pero aun así, si alguna vez me puse plasta, ahora les compadezco. Porque madre mía. Eso no era una catequesis, ni una clase, ni nada. Eso era un campo de batalla. Menos mal que alguien me dotó de paciencia, y que ésta sale a relucir en los momentos más inesperados. Al final, una se lo toma con humor, y se resigna ante lo que hay. No me las quiero dar de “entendida”, pero tengo algo de experiencia con niños (llevo tres años siendo monitora de campamento, y dos y medio en el club de tiempo libre del que era mi colegio). Además, uno de “mis coros”, el que “co-dirijo”, está formado por niños. Siempre me han vacilado como han querido, y siempre he conseguido, aun no se cómo, que terminen haciéndome caso. Lo mío no es gritar o enfadarme, y quizá sea justo por eso. Les trato como deseaba que me trataran a mí a su edad (que al fin y al cabo eso fue hace dos días y aun me acuerdo). Espero que me funcione también ésta vez. Al menos, no estoy sola. Si la otra catequista, más experimentada y amiga mía, no estuviera conmigo, lo vería todo mucho más negro.

Como sea, entre que recoges, se van los niños, y tal y cual, he llegado a mi casa a las ocho menos veinte, y eso que vivo al lado. A las ocho voy al gimnasio. Así que me he cambiado, y he bajado, sin tiempo para nada más. He vuelto a las nueve (nueve y cinco, nueve y diez), satisfactoriamente cansada. Y por fin, he sido libre. Me he metido al ordenador, y he pasado del correo, porque los 4200 mensajes que nunca leo me agobian. Debería verlos. Lo sé. Al menos para borrarlos, porque ya serán antiguos. Pero me metí en mi otra cuenta de correos, y ahí tenía cien. Me los leí, o al menos los clasifiqué por “éste me lo leo”, “éste es publicidad”, “éste es una cadena cursi que dejaré para más tarde”.

Después me dejé absorber por las redes sociales. Sólo por el tuenti, en realidad, que tenía interés en leer un mensaje privado. Me he encontrado con un comentario de una compañera de universidad, y hablé un rato con ella, y me ha dado la sorpresa de decirme que le había parecido mucho menos introvertida al verme intervenir en las clases, de lo que he resultado ser al conocerme. Esa opinión, por lo que me ha dicho, tienen la mayoría de compañeras. En mi colegio era todo lo contrario, la gente pensaba que yo no sabía hablar, o algo, más o menos hasta tercero de la ESO.

En realidad, aunque participe mucho en clase, no lo hago por falta de timidez, si no por una necesidad imperiosa de decir lo que pienso. Me da vergüenza, y mucha. De hecho hoy me puse roja en clase de inglés, cuando me tocó hablar en idioma ajeno. Por ordenador, la timidez desaparece, porque es más fácil elegir las palabras cuando tienes tiempo para pensarlas, y puedes darle a una tecla para borrar las equivocaciones. No creo que me haya entendido, pero yo se lo he explicado. Aun así, ha insistido que soy “adorablemente tímida”, porque hoy no fue capaz de sacarme más de dos frases cuando intentó hablar conmigo. No sé si el adorablemente debo tomármelo como algo bueno o malo. Igual, una amiga mía me llama “adorable” todo el rato, así que quizá deba dejar de extrañarme.

Hice un intento de ponerme de nuevo con inglés, pero el cansancio pudo más. Me di una ducha, me fui a cenar, y aquí estoy, escribiendo en el blog. Mañana no tengo clase, así que espero que me de tiempo a hacer un montón de cosas que he ido posponiendo…. como renovar el abono, por ejemplo, que caducó en agosto del 2011 pero que he seguido usando como si nada. También haré lo de inglés, aunque sea para el Lunes. Y por supuesto, descansaré, ya que hoy no he podido.

lunes, 13 de febrero de 2012

Primeras impresiones


Al final, y pese a los buenos propósitos, una no puede evitar crearse expectativas respecto a lo que está por venir. Lo que rara vez se espera es que esas expectativas (cuando son altas) se cumplan. Pero de momento, y tocando madera, ¡se cumplieron! Estoy muy contenta con el nuevo cuatrimestre o, mejor dicho, con las asignaturas que conozco de momento. Me faltan dos por conocer, pero tendré que esperar hasta el jueves.

Por cuestión de privacidad, y por prudencia, no voy a dar el nombre de mis profesores. A mí no me gustaría que, sin yo saberlo, se hablase de mí en algún sitio accesible a todo el mundo, que pudiera llegar ahí al buscar mi nombre en el google o algo así. Así que a mi profesor de Fonética y fonología del español lo voy a llamar, por cuestiones que explicaré más adelante, “Don Confusionismo”. Al de Retórica y crítica literaria le llamaré “Flower Power”, y a la de Inglés, a falta de un nombre mejor, “Blackbird “

El por qué del nombre de mi profesor de fonética es relativamente fácil de entender. Lo de “Don”, le viene por su apariencia, la de típico catedrático de universidad: un señor de unos sesenta y algo, con traje y con corbata. Por lo demás, no dejaba de repetir, en cualquier contexto, la palabra “confusionismo” (incluso en aquellas frases donde no tenía mucho sentido y hubiera encajado mejor el sustantivo confusión) es un hombre serio, pero a la vez cercano y con sentido del humor. Habla con una voz monótona y suave, demasiado suave para la gran cantidad de gente que somos en su clase; tal vez debería usar el micrófono. Repite diez veces cada cosa y da muchos rodeos, pero es muy claro. Si ha dedicado hora y media a contarnos los criterios de calificación y la bibliografía obligatoria, es de suponer que se esforzará porque cada cosa quede bien explicada, quizá demasiado explicada. Es un tipo estupendo. Ha soltado dos o tres frases que han provocado una carcajada general, aunque dichas en boca de otra persona hubiera quedado como chiste malo.

Siempre he querido tener uno de esos profesores que escriben su nombre en la pizarra, al estilo de las películas de Yanquilandia. Por fin, ese ridículo sueño se ha cumplido, con mi profesor de retórica, el ya queridísimo Flower Power. Soy malísima para las edades, pero tendrá cuarenta y algo (¿quizá cincuenta bien conservados?), y es pelirrojo. Se parece mucho (pero mucho) a Van Gogh. La única diferencia es que mi profesor tiene la cara algo más delgada, como más perfilada, y que empieza a perder el pelo. Cuando ha entrado en clase no estábamos seguros de si era el profesor, porque iba con pantalones y jersey negros, y en definitiva sólo le faltaba la boina para parecer bohemio. Si lo es o no, no lo sé, pero lo que sí ha resultado es extranjero. Neerlandés para más señas (u holandés, mejor dicho, y neerlandés es lo que habla). El caso es que tiene ese acento nórdico tan peculiar, aunque habla el español a la perfección. Creo que ha sido una impresión general, pero si no, al menos a nivel particular, me ha parecido genial. Esos profesores que te caen bien desde la primera frase (y eso que su primera frase no ha sido muy brillante, porque ha entrado, ha dicho “Me he equivocado”, ha salido, y ha vuelto a entrar, para darse cuenta que sí que era el aula correcta). Más allá de lo que a mí me haya parecido, lo que al fin y al cabo a nadie le importa mucho, creo que realmente le interesa lo de dar clase, y que no es el típico profesor de universidad al que los alumnos le dan igual. Y eso, dada mi corta experiencia, es decir mucho. Por otro lado, nunca hubiera esperado que un poema de Antonio Machado pudiera sonar aun mejor leído con acento neerlandés. Pero sí.

Si queréis saber a qué viene lo de Flower Power, ha sido porque al comentar un poema, ha dicho algo así como “¿Qué piensan que quiere decir aquí? ¿Qué se suba al monte con las flores? ¡Flower Power!” Mítico. Nadie sabe qué cable se le ha cruzado para decir eso. Después también ha tenido mucha gracia cuando, en una confusión entendible por ser para él un lenguaje extranjero, en vez de decir “morriña” ha dicho “Mourinho”. El fútbol me persigue hasta en las clases.

La profesora de inglés ha tardado en venir, y hemos tenido dos “falsos profesores” (véase alumnos en los cuarenta, con aspecto de profesor, que son confundidos con los docentes). Pero finalmente ha venido “la de verdad” y ha resultado ser muy simpática. Es canaria, nos llama a todos “mi niña” o “mi niño” y ha sabido entender que nuestro inglés no debe ser el mismo que el de filología inglesa. Aclaremos que el cuatrimestre pasado también tuve inglés, pero con otra profesora, y me pareció la asignatura más absurda que he dado en mi vida. A mí, no sé por qué ya que mi nivel de inglés nunca fue maravilloso, me salió bien el test inicial que me clasificaba como “alumna con un nivel alto que no se corresponde con el de la clase”. Yo veo series y leo libros en inglés; lo entiendo bastante bien, pero lo hablo fatal. Tengo una prima estadounidense que podría corroborarlo, si llego a saber de ella (Nota mental: averiguar en qué estado de Yanquilandia vive ahora). Así que esa clasificación sólo me puso las cosas más difíciles. Además, se parecía peligrosamente a las clases del colegio, que aunque no tenían nada de malo, creo yo que no debe ser igual lo que se da en una clase de secundaria o de bachiller que en una de la carrera. Significa que algo estaba pasando con el nivel general de la clase, cuando lo único que hacíamos era dar gramática básica inglesa, como los últimos diez años de nuestra vida. Y después el examen incluía un montón de cosas que apenas habíamos practicado. Como sea, eso ya pasó. La nueva profesora le va a dar importancia al “speaking” y en definitiva a las conversaciones en inglés, que es lo que yo, en todo caso, tengo interés en practicar. Porque ya sé que sin idiomas no vas a ningún sitio, pero por hacer los ejercicios de un librito no voy a aprender más inglés del que ya han intentado enseñarme todos mis profesores hasta el momento. Al menos, es mi humilde opinión. Y la de la nueva profesora, a la que llamé Blackbird porque al verla me vino a la cabeza una canción con ese título, vaya usted a saber por qué.

Todas las clases me gustan, en mayor o menor medida. Sigo sin verle mucha utilidad al inglés, por más segundo idioma que sea, en una carrera como la mía. Aunque tal vez ésta nueva profesora le dé otro enfoque. Y quizá fonética no sea “el país de la diversión”, pero siento curiosidad, y mientras me dure, me lo tomaré con entusiasmo. De retórica y crítica aun no sé muy bien qué pensar, pero por el primer contacto parece interesante.

El jueves más novedades. De momento mañana, las mismas clases de hoy. Y aun queda por ver si éste cuatrimestre también voy a tener prácticas los miércoles. Si no, será un día libre que dentro de poco se convertirá en un día de estudio.

domingo, 12 de febrero de 2012

Conclusiones II


Debería estar preparando la mochila de mañana. Debería. Uno tiende a pensar que cuanto más tarde se pone a ello, más tiempo tarda en suceder, como si los problemas desaparecieran por posponer el momento de ocuparse de ellos. Hace algunos años que entendí que por mucho que lo deseara, los lunes no se iban a borrar del calendario. Al menos mañana todo va a ser nuevo. Quizá por eso prefiero no pensarlo, y he dejado que mi mente vuele por ahí sola.... Algo que hasta puede llegar a ser peligroso....

He llegado a otras tres conclusiones importantes. La primera, que aguanto muy mal el frío. La segunda, que debo aprender a controlar mis reacciones infantiles. Y la tercera, que mi vida va mucho mejor cuando dejo que la controlen otras personas.

Lo del frío es bastante fácil de entender. He llegado a casa hará unos diez minutos, así que sé de buena tinta que ahí fuera la temperatura es escandalosamente baja. Estaba con otras siete personas, que aunque tampoco estaban a gusto, no parecían tener los problemas que tenía yo, que aun con guantes, bufanda, y abrigo, estaba a pocos pasos de convertirme en una estatua helada de mí misma.

En cuantos a las reacciones infantiles, lo digo porque, una vez me he despedido de esas siete personas, he echado a correr, no sé si poseída por el frío, la vergüenza, o las ganas de llegar a casa. El caso es que me he visto corriendo, y me he sentido estúpida, pero me parecía más estúpido frenarme en seco, así que he continuado. Y os doy un consejo: eso que nos dicen siempre de correr con la boca cerrada…bueno, pues cuando hace frío más. Me he sentido como si me hubiera tomado un granizado con más hielo que bebida.

Respecto a lo tercero, es más complicado de explicar, y de hecho no voy a explicarlo. Pero es como cuando a un niño lo dejan sólo con un montón de juguetes. Juega, y no siente el cansancio, y puede estar así un día, quizás una semana. Después, aparte de muy cansado, los juguetes le aburren. Asocia los juegos con la monotonía, y le dejan de gustar. Por esa misma razón a los niños de tres años les deja de gustar el colegio, cuando todo lo que hacen es correr, dormir y descubrir cosas nuevas. Pero lo asocian con la rutina, y con estar lejos de ese ser grande que los alimenta y los protege, al que llaman “mamá”. La gente necesita algo nuevo en sus días, y cuando llega se sienten especiales. En mi caso, como iba diciendo, eso sólo pasa cuando dejo que mi vida la controlen otras personas.

El dueño de un flamante coche rojo no deja de tocar el claxon, al otro lado de la ventana. Así no hay quien piense. Estaba tratando de recordar la forma en que ciertas revelaciones han venido hasta mí hoy. Por ejemplo: quienes más saben de metafísica son los niños. Uno puede pasarse años elaborando una teoría filosófica (ahí tenemos a Kant, Nietsche, y a mí misma) y luego viene un crío, y con una frase corta, improvisada, pura, e inocente, te la desbarata. Sin pretenderlo. Sin malas intenciones. Con sinceridad. Si te enfadas con Dios porque no te concede lo que desea, ¿no es tu culpa por creerte que es un genio de la lámpara, que debe obedecer a tus deseos, cuando eres tú el que tienes que obedecerle a Él?

Ahí lo dejo. ¿Es culpa de tu amigo el ser un impertinente, o es culpa tuya por pensar que no debía serlo? ¿Es culpa de tu amigo ser un vago, o es culpa tuya por pensar que podías y debías cambiarle? Y lo más importante: ¿Es culpa de Alguien  que las cosas salgan mal, o es culpa tuya por creerte con el poder de que salieran de otra manera? Como digo, mi existencia es mejor cuando dejo que otros la controlen. Y que otros piensen, ya que estamos. Que hay ciertas cosas que una no puede responder.

Una cosa más: la vida es un regalo, y a veces se llega a la vejez sin haberle quitado el envoltorio. Hoy, aun en mi juventud, me puse a desembalar.